¿2008?

Creo que fue George Soros quién hizo saltar la liebre a la que ya se ha sumado mucho pesimista de salón: el comportamiento de las bolsas de los últimos tiempos está anticipando otro 2008. Eso dicen y el miedo ha empezado a cundir. Más allá del mejor o peor cuerpo que se le queda a uno tras semejante afirmación, merece la pena dedicarle unos minutos aunque sólo sea para dormir más tranquilos. Al margen de la volatilidad instalada en los mercados desde el verano del año pasado, la situación actual no resulta comparable con la del 2008. Aquella fue una crisis financiera que se llevó por delante a las economías desarrolladas. El origen de la misma se encuentra en un exceso de endeudamiento, lo cual no se asemeja a la situación actual. Entonces el crecimiento anual compuesto del crédito de las entidades financieras fue superior al 20% durante varios años consecutivos. En cuanto se cortó, todo se desmoronó como un castillo de naipes.

EQED-18012016-JRIturriaga-jose-ramon-iturriagaHoy el punto de partida no tiene nada que ver. Los sistemas financieros de los países desarrollados acaban de salir del túnel y los niveles de apalancamiento no resultan comparables. El impacto que pueda tener la caída del precio del petróleo en los bonos high yield o de alto rendimiento no es comparable, en absoluto, al impacto que tuvo la crisis de las hipotecas subprime. Por otra parte, la valoración de las bolsas tampoco resulta comparable. No estamos en niveles de valoración como, por ejemplo, los del año 2000, ni mucho menos. Además, en el entorno actual de tipos de interés, la Bolsa tiene un suelo en su valoración gracias a la rentabilidad por dividendo que hoy ofrece a los inversores. No estamos a las puertas de una corrección en las bolsas que pueda, en si misma, retroalimentar una recesión, ya que las valoraciones no lo justifican.

José Ramón Iturriaga
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