¿Burbuja? Pregunten a los inversores extranjeros

Las socimis han aprovechado la ventana de oportunidad abierta en los mercados de capitales tras la resolución de la crisis griega. Han ampliado capital para seguir acometiendo proyectos de inversión que tenían identificados, ya que después del verano, con el 27S a la vuelta de la esquina, quién sabe. El apetito por el sector no decae y las dos ampliaciones de capital completadas la semana pasada fueron un gran éxito. La más grande, la de Merlin, era de 1.000 millones de euros y el interés por parte de los inversores, medido en euros, superaba en ocho veces la oferta. Con esta operación se cierra la financiación de la compra de Testa y pasa a convertirse en la primera inmobiliaria cotizada española, ¡olé!

La velocidad de los acontecimientos en este sector se debe probablemente a que los activos españoles no fueron invertibles durante un periodo de tiempo más o menos largo, quedándose al margen de lo que pasaba Europa. Sin embargo, los últimos 18 meses han permitido cerrar el diferencial de valoración ¡y vaya que si lo han hecho! Hoy, el activo ‘prime’ en España tiene el mismo valor, o parecido, al de otras grandes capitales en términos de rentabilidad sobre las rentas, ahora en niveles mínimos de ciclo, lo que no se puede decir de otros mercados.

Por lo tanto, las voces que advierten sobre una eventual burbuja en el inmobiliario español al calor de las últimas grandes operaciones quizá se estén dejando llevar. Estamos en el primer arranque de la recuperación, algo brusco pero arranque al fin y al cabo, y estos vehículos de inversión inmobiliarios, sin duda, han resultado ser un éxito. Y los inversores extranjeros lo han entendido muy bien.

Tres consensos

Esta fea palabra también se utiliza mucho en el argot financiero. El consenso indica dónde se encuentra la opinión mayoritaria en lo referente a algún tema de mercado. Sin embargo, y sin ánimo de polemizar, discrepo en algunas de las opiniones más extendidas. Por ejemplo, que el dólar se va seguir apreciando. Se trata de un punto de vista ampliamente compartido y, a pesar de ello, tengo la sensación de que el movimiento está, gran parte, hecho. Las previsibles subidas de tipos de interés y el mejor comportamiento de la economía norteamericana ya deberían estar recogidos en la cotización de su divisa. Además, parece que con el dólar a estos niveles todo el mundo está tranquilo y una divisa algo más fuerte haría que la economía se resintiera. Así que contra la opinión mayoritaria, no apostaría por una revalorización mucho mayor del dólar.

Respecto a China, los mercados se han instalado en la preocupación y escepticismo. Sin embargo, dentro de lo complicado que resulta mojarse con cualquier tema relacionado con el mercado chino, creo que se infravalora la capacidad de reacción del gobierno y que el desconocimiento nos lleva a magnificar algunos datos puntuales. El profundo cambio demográfico del país es el motor de cola de la que, más pronto que tarde, será la primera economía del mundo.

Sobre la renta variable, la mayor parte de los inversores se mantiene optimista. Esta postura es, probablemente, una consecuencia de los buenos resultados de los últimos tiempos y no tiene mucho sentido luchar contra la corriente. La nota de cautela que siempre subyace en relación a este activo es otra muestra de la presunta superioridad intelectual de los pesimistas, añadiendo una cierta precaución respecto a las proyecciones de la bolsa. Y en contra de esa opinión, creo que hoy se dan circunstancias excepcionales en lo que respecta a la bolsa española, cuyas perspectivas, pese a quien pese, no pueden ser mejores. Estamos en los primeros compases de una de los mejores ciclos de la historia del mercado español, no se queden fuera.

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Los descontentos del CIS

El CIS animó la primera semana de agosto y más allá de que los dos grandes partidos hayan recuperado el pulso y de que Podemos y Ciudadanos sigan cayendo en intención de voto, lo más importante es que nadie se ha quedado contento con el resultado. Todo lo que se puede decir es que hay partido de cara a las generales. Las encuestas, todas, incluida ésta que, por su metodología, es la más completa, hay que cogerlas con pinzas. No hay verdades absolutas y hasta las elecciones generales hay mucha tela que cortar. En cualquier caso, sí muestran un cambio de tendencia que, de confirmarse en próximas lecturas, sería un buen indicador.

Sin embargo, hay una respuesta que me ha producido algo de sorpresa y que merece un análisis: más del 70% de los encuestados piensan que la situación económica es igual o peor que hace un año. No es que hayamos vuelto a la situación previa a la crisis, es que ni siquiera estamos mejor que el verano pasado. El resultado de la encuesta contrasta no sólo con las cifras macroeconómicas, cuya evolución en dicho periodo ha sido espectacular, sino con el aluvión de datos microeconómicos que vemos todos los días. Las ventas de coches, las ventas de casas, los datos de turismo, de ocupación hotelera, de tráfico en las carreteras, y un largo etcétera reflejan que la recuperación es un hecho. Esta respuesta alimenta el manido argumento de que esta mejora no está llegando a la calle. Y creo, en pocas palabras, que es falso. No quiero decir con esto que no haya problemas por resolver; en absoluto, todavía quedan años por delante hasta que recuperemos el nivel previo a la crisis. Afirmo que estamos mejor, mucho mejor, que hace doce meses y quien lo niega lo hace a pesar de los datos. La recuperación está aquí y está llegando a la calle, y por eso dicho 70% tiene mucho de castigo al actual Gobierno, que, por otra parte, pasea la recuperación como su mayor logro y mejor baza electoral. En conclusión, no es tanto que la recuperación no se perciba, sino que no se quiera reconocer el mérito de este Gobierno al respecto.

Y ahí, en ese punto, el de la responsabilidad del Gobierno para con la economía, se ha producido algo insólito en los últimos tiempos. No sólo la oposición no le reconoce ningún mérito, como es del todo habitual, sino que dentro de su propia línea de opinión tampoco se hace. Por un lado, se esgrime el coste social de las medidas adoptadas y por el otro se le acusa de haber desaprovechado esta crisis para hacer reformas de mayor calado o, en su defecto, por haber ido en contra del programa electoral. Esta última postura representa una deslealtad enorme e ignora tanto la envergadura de la crisis que hemos padecido como el nulo margen de actuación que se tenía. Quizá se trate de hacer un viaje gratis a costa de los demás, lo que los ingleses llaman un ‘free ride’, pero ¿a dónde? Pues depende: unos vuelven, otros se van y otros ni vienen ni se van.

José Ramón Iturriaga

José Ramón Iturriaga

Gestor de los fondos de inversión Okavango Delta FI, Kalahari FI y Spanish Opportunities. También gestiona el plan de pensiones Okavango PP. Es socio de Abante Asesores y colabora habitualmente con medios de comunicación como ABC y OndaCero, entre otros.
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