Los cazafantasmas de la economía

Mario | Flickr

Los seguidores de la filosofía de la sospecha son inasequibles al desaliento. Tras unos primeros momentos de duda, después de que el tiempo se haya encargado de desmontar todas sus teorías recientes, parece que vuelven a la carga.

A la luz de los argumentos que utilizan los podríamos englobar en dos bloques. Los primeros, algo menos sofisticados, continúan con la crisis política en Europa, los riesgos electorales y la probabilidad de un vuelco en los resultados que se lleven por delante el euro. En este grupo se encuentran los bancos de inversión anglosajones, que en el tema del euro han demostrado ya que sus análisis tienen mucho de ignorancia y una dosis de interés. No creo que nadie a estas alturas, y tras la crisis que hemos superado, piense de verdad que alguien vaya a romper el euro.

Por otra parte, encontramos a los que han hecho del pesimismo permanente una forma de vida. En general se les percibe como más inteligentes y mejor informados, e incluso como moralmente superiores. Hoy defienden, con la misma vehemencia con la que afirmaban hace unos años que la deuda era insostenible, que estamos abocados a una espiral inflacionista como consecuencia de las políticas de demanda. Han pasado, sin sonrojarse si quiera, de considerar que estábamos condenados a un mundo sin crecimiento y sin inflación al extremo opuesto. Estamos, según sus palabras, en el after hour de la recuperación y el precio de todos estos excesos será alto.

Hablar ahora del final de la fiesta me parece precipitado, cuando a duras penas hemos tenido tiempo de marcarnos un baile. La situación actual dista mucho de poder considerarse una burbuja y lo recomendable sería relajarse un poco y dejar de ver fantasmas. A no ser, claro, que seas un cazafantasmas.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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