Contraindicaciones

En el largo plazo, el precio de las acciones viene determinado por la evolución de los beneficios empresariales y del múltiplo que el mercado esté dispuesto a pagar por ellos. Dicho múltiplo tiende a ser mayor cuanta menor es la rentabilidad que ofrece el activo libre de riesgo, y al revés. Si cogen un gráfico de la Bolsa durante las últimas décadas podrán comprobar que solo mantiene correlación con los beneficios de las empresas. Y éstos, por su parte, tienen la sana costumbre de aumentar desde que el mundo es mundo.

EQED-18012016-JRIturriaga-jose-ramon-iturriagaSin embargo, a corto plazo las emociones suelen influir en la evolución del mercado, sobre todo en momentos de incertidumbre. En Estados Unidos se elabora un índice que mide el sentimiento de los inversores individuales respecto al posible comportamiento de la Bolsa en los meses siguientes. En general este indicador no sirve de mucho pues tiene un sesgo moderadamente optimista y resulta difícil obtener conclusiones del mismo. Sin embargo, en sus lecturas extremas, ya sea en terreno positivo o negativo, sí suele ser buen indicador ‘contrarian’. Es decir, cuando las expectativas de los inversores particulares respecto al comportamiento de los mercados en los seis meses siguientes denotan euforia, es momento de vender y al contrario. Se trata de un indicador algo más sofisticado que el limpiabotas de Rockefeller –cuando me empieza a hablar de acciones, es momento de vender- pero en el que subyace el mismo racional.

Hoy, la lectura de este indicador es bastante extrema. Y probablemente, cuando se actualice, lo sea todavía más. Dicho esto, ¿cuál creen ustedes que sería el resultado si calculáramos un indicador similar en España? Yo me lo imagino.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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