Cuando los números salen

Imagen: Exportación de bienes y servicios

La semana pasada conocimos la evolución de la balanza comercial del primer trimestre del año y el resultado el resultado es inmaculado. Las ventas aumentaron significativamente y a mayor ritmo que las de países comparables, que es lo realmente importante para ganar cuota de mercado. Pero no solo eso, durante el mes de marzo, las exportaciones marcaron un nuevo record histórico de ventas fuera de nuestras fronteras. Hay que tener en cuenta que nuestros principales socios comerciales son países de la zona euro por lo que la recuperación de las ventas no se ha producido exclusivamente por la depreciación de la divisa. Las importaciones también crecen aunque a una tasa inferior gracias, en parte, al menor precio del petróleo. Por tanto, la balanza comercial está prácticamente equilibrada lo que representa toda una proeza para un país con nuestro déficit energético.

Con todo, las conclusiones importantes son dos. En primer lugar, estos datos confirman que las ganancias de competitividad mediante ajustes en la oferta, como ha sido el caso, no son flor de un día. Y en segundo lugar, se comprueba que las reformas estructurales implementadas durante los últimos años han sentado las bases para un cambio de modelo productivo del que ya podemos ver los primeros frutos: las exportaciones constituyen ya uno de los motores de la economía española. Y lo son con una base de clientes diversificada y con una menor dependencia de la UE como destino de las mismas. Es más, y aunque probablemente esto no vaya a ser nunca portada del Financial Times, hoy España es la segunda potencia exportadora de Europa sólo por detrás de Alemania.

A estas alturas, tras estos buenos datos, quizá lo importante sea que estamos empezando a ver segundas y terceras derivadas de las ganancias de competitividad. Ahora las compañías radicadas en España, gracias a las mejores ventas, tienen que ampliar su capacidad productiva y eso se traduce en mayores inversiones nacionales e internacionales. Un buen ejemplo es la enorme inversión que anunció recientemente un fabricante de coches alemán. Fabrican aquí porque les salen los números, no porque a Merkel le caiga especialmente bien Rajoy. Que quizás también.

Otro cisne que no será negro

Intención de Voto Abril 2015 CIS

Evolución intención de voto trimestral del CIS

El resultado de ayer, más allá de quién acabe gobernando, debería servir para despejar las dudas que aún sobrevuelan en el mercado acerca de un posible gobierno de Podemos. Aunque resulta evidente que esta opción se ha ido desinflando durante las semana previas entre los votantes españoles, no sucede así entre los inversores extranjeros que, para bien o para mal, no tienen la cabeza metida en la centrifugadora de nuestro día a día. Otro cisne más que no será negro y ya van unos cuántos desde que, con la quiebra de Lehman Brothers, el mercado haya puesto en precio el fin del mundo en repetidas ocasiones. Los activos españoles saldrán beneficiados de la llegada de aquellos inversores extranjeros que no se habían terminado de soltar debido a la incertidumbre política.

Desde el punto de vista empresarial, entre los sectores que se benefician de la normalización de la percepción del riesgo político en España se encuentran, en primer lugar, bancos y eléctricas sobre las que se cernía, como poco, un entorno regulatorio considerablemente menos favorable.  En el otro extremo, entre los sectores perjudicados porque estos señores no lleguen al poder quizás estén las empresas de energía renovable, que en ese planteamiento político de la sandía (verde por fuera y rojo por dentro) se hubieran visto beneficiadas, al menos sobre el papel, de una apuesta superior por la energía verde. En esta misma línea, será interesante ver cuánta influencia tiene finalmente Ciudadanos en su oposición frontal a continuar con la construcción del AVE, perjudicando a las constructoras.

Probablemente, lo que veamos de aquí a las elecciones generales, por lo apretado que parece el resultado, son más anuncios de recortes de impuestos, lo que debería animar al consumo.  También esta situación resulta propicia para que las resoluciones del Gobierno favorezcan a las compañías de televisión cotizadas, no tanto por amistad sino por evitar la enemistad en este minuto de partido..

Las buenas noticias son menos noticia

Hace unos días tropecé con una noticia que para mi sorpresa no ha tenido apenas repercusión, más allá de las pocas palabras que le dedicó un diario económico. Me refiero a un estudio de la Universidad de Harvard que señala que España crecerá un 3,7% de media anual hasta 2023, liderando el crecimiento de la eurozona en dicho periodo. Estas previsiones mejoran incluso las que pronostican para los EE.UU, con un crecimiento medio esperado del 2,3% para los próximos ocho años.

Por lo que apunta la información, la prestigiosa universidad americana ha hecho proyecciones de crecimiento para todo el mundo utilizando sus propios modelos. Asombra que una información de este calado no haya generado un amplio debate. Desconozco cómo desde Harvard se ha llegado esta conclusión –el resto a las que llegan parecen bastante razonables-, pero lo cierto es que me sorprende que una noticia de esta relevancia para nuestros intereses esté pasando prácticamente desapercibida. Y no hablo tanto de los políticos, como la falta de miras escalofriante que provoca tanto el credo cortoplacista como por el contrario, al tratarse de una buena noticia por esa presunta superioridad intelectual del pesimismo.

Este manejo de la información contrasta mucho, por ejemplo, con el trato que se le dio a una breve entrevista que la BBC hizo a un inversor particular inglés –en pocas palabras, un chavalote– que apostaba por la quiebra de España mediante posiciones cortas en deuda española. Esta noticia abrió todos los telediarios y programas de opinión –es la única vez que he participado en el programa de Susana Griso, por cierto- y que incluso fue capaz de robar el protagonismo al mismísimo Pedro J. Ramírez en la presentación de su libro sobre la Revolución Francesa. Es evidente que las buenas noticias no son tan noticia como las malas pero banalizar, como ha hecho la opinión pública española, un análisis como el de Harvard es para echarse a llorar.

Artículo publicado en ABC el 25 de mayo de 2015

José Ramón Iturriaga
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