Donald Trump: Planteamiento equivocado, resultados opuestos

La semana pasada conocimos el dato de balanza comercial en Estados Unidos y se han disparado todas las alarmas. En 2018 la economía americana arrojó un déficit comercial que asciende a prácticamente la mitad del PIB español, un aumento del 12% con respecto al año anterior. Se trata del mayor déficit comercial desde el estallido de la crisis financiera.

La razón principal de este incremento es que la economía americana lo está haciendo muy bien. El fuerte crecimiento que ha mostrado el país ha venido en parte provocado por el estímulo fiscal del presidente Trump, lo que ha hecho que las importaciones crezcan más de un 7%, mientras que las exportaciones lo han hecho a un ritmo mucho menor. Además, este desequilibrio se ha acentuado por el aumento del déficit con México y China, sus dos principales socios comerciales.

Todo indica que al señor Trump le ha salido el tiro por la culata. Desde el inicio de su mandato, su gran objetivo económico ha sido reequilibrar la balanza de pagos y no parece que las cosas vayan por ahí.

Hace pocos días en una entrevista, Janet Yellen, ex presidenta de la Reserva Federal, dejó muy claro que el problema del presidente americano es que no entendía los principios básicos de la economía. Y añadía que el hecho de elaborar su estrategia económica exclusivamente en torno a lo que pueda pasar con el déficit comercial constituye, sino el mejor, un magnífico ejemplo de ello. En contra de lo que piensa el presidente americano, los déficits comerciales no son transferencias de ahorro, riqueza o empleo de los países deficitarios a los demás porque, sencillamente, reciben una contrapartida, los bienes y servicios importados. Este es el error de concepción. La evolución de la balanza de pagos no es medida de nada y menos del mayor o menor éxito de las políticas económicas. Las economías desarrolladas –y en concreto Estados Unidos, cuya divisa es reserva de valor mundial– crecen normalmente con déficits de la balanza por cuenta corriente que no tienen problema en financiar.

Y sin que el déficit sea un problema en sí mismo, las políticas del señor Trump han contribuido a que se desboque. No sólo ha hecho un mal diagnóstico, sino que los remedios aplicados han funcionado de forma opuesta a lo que se pretendía.

El gran estímulo fiscal con el que arrancó la legislatura ha propiciado un mayor crecimiento económico, un incremento del consumo –y lógicamente de las importaciones– y una subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal más rápida de lo que cabía esperar. Consecuentemente, el dólar se ha reforzado y las exportaciones americanas se han visto lastradas. Además, la guerra comercial, la política arancelaria y la retórica errática de Trump se han traducido en una mayor deslocalización de la industria norteamericana, justo lo contrario de lo que se pretendía.

Y no es que China no merezca un correctivo, pues en los últimos años ha sido un socio comercial desleal con malas prácticas, sobre todo en lo que se refiere a la propiedad intelectual, pero no parece que el planteamiento al respecto haya sido el más adecuado.

En resumen: mal diagnóstico, un planteamiento económico equivocado y unos resultados contrarios a los deseados. Otro tanto que se puede apuntar el presidente tuitero.

Ahora bien, aplicando aquello de que no hay mal que por bien no venga, es probable que el principal defecto de Trump, su falta absoluta de principios –¿a quién me recuerda?–, se convierta en su mayor virtud. Estos malos datos económicos pueden ser determinantes para alcanzar una solución temprana a la disputa con China. El presidente americano no está consiguiendo sus objetivos y los chinos son los que tienen más que perder en caso de no llegar a un acuerdo. En este contexto parece que ya no hay incentivos por ninguna de las dos partes para continuar con un enfrentamiento del que nadie está sacando tajada.

Cuando se llega a este punto se suele optar por pasar página. Es probable que lo veamos pronto.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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José Ramón Iturriaga

Gestor de los fondos de inversión Okavango Delta FI, Kalahari FI y Spanish Opportunities. También gestiona el plan de pensiones Okavango PP. Es socio de Abante Asesores y colabora habitualmente con medios de comunicación como ABC y OndaCero, entre otros.
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