El inevitable aumento del precio del alquiler

Tras las subidas de los precios del alquiler en muchas capitales españolas, sobre todo en Madrid y Barcelona, se empiezan a escuchar las primeras voces que piden una limitación en el precio. Este tipo de medidas bienintencionadas suelen estar mal planteadas y por ello, al amparo de la consecución del objetivo, muchas veces resultan contraproducentes.

La clave para contener la subida de precios es que aumente la oferta. Y para eso, o se acelera la construcción de nuevas viviendas, o se ofrecen incentivos –al menos quitar las trabas– para que salgan más casas al mercado. Por lo tanto, no se trata tanto de limitar por ley los precios, sino de propiciar una situación en la que el mercado se ajuste de forma natural gracias a una mayor (y mejor) oferta.

Lógicamente, lo primero que hace falta es un marco regulatorio estable. Ofrecer seguridad para que los propietarios pongan sus casas en el mercado es una prioridad. Tolerancia cero con la ocupación y desahucio exprés en caso de impago, plazos de cinco años en los contratos improrrogables y un tratamiento fiscal que para incentive su posterior la reforma salida al de pisos mercado. También una mejor fiscalidad para el inquilino resultaría positiva.

Así, ir por el lado de la fijación de topes o máximos solo va a conseguir lo contrario de lo que se pretende. Hay que fomentar el desarrollo de una mayor y mejor oferta que permita que el mercado se ajuste de forma natural. Por otro lado, comparar los precios de los alquileres en Madrid o Barcelona con el de otras grandes capitales europeas permite otra reflexión. A pesar de las fuertes subidas de los últimos años, el precio del alquiler en las ciudades españolas no está ni mucho menos al nivel de otras ciudades europeas.

Sin duda ha subido mucho durante los últimos años, pero también hay que entender cuál era el punto de partida y que la crisis financiera interrumpió la inevitable convergencia con el resto de Europa. Convergencia que pasa por una convergencia progresiva expulsión de los habitantes del centro de las ciudades hacia la periferia. Es ley de vida y aunque hasta ahora no se había producido, resulta inevitable.

Artículo publicado en ABC

 

 

José Ramón Iturriaga
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