El sentido de las fusiones bancarias

La última vuelta de tuerca del proceso de concentración bancaria está ya a las puertas. El ruido es cada vez mayor y todos parecen empujar en la misma dirección. El supervisor quiere menos alumnos para tenerlos más controlados; los bancos tienen que seguir reinventándose para crecer en el actual entorno de ínfimas rentabilidades; y los mercados están ávidos de carnaza.

Algunas de estas operaciones que flotan en el ambiente, en principio, no suenan mal. Tienen sentido industrial y financiero y en algún caso incluso podría encontrarse un sentido de Estado, por así llamarlo. La lógica empresarial es clara: juntas meriendas y reduces la base de costes, lo que se traslada a la última línea de la cuenta de resultados (el beneficio) y redunda en algo más rentabilidad.

Los números son más o menos claros: de los costes de la entidad absorbida, entre un tercio y la mitad son redundantes por lo que, una vez que se coordinan los sistemas informáticos de ambas partes, el negocio está hecho. Estos movimientos adquieren mayor sentido cuanto más complementarios son los bancos, tanto geográfica como contablemente. Han sido muchas las fusiones vividas en los últimos años, los números son claros y la capacidad de integración del sistema financiero español está fuera de toda duda. Si a la lógica empresarial se le suma la estratégica, miel sobre hojuelas. Son muchos los ángulos. La lógica del supervisor no es la misma que el de las entidades o la del Estado en el caso de Bankia. Algunas entidades ya han mostrado su interés en aumentar su cuota de mercado en España para consolidar su posición de liderato. Otras lo hacen para reducir su exposición a mercados emergentes. Y, por último, están aquellas que necesitan correr rápido para poder decidir por sí mismas en vez de que lo haga un tercero. Al próximo Gobierno le tocará resolver la papeleta de la participación del Frob en Bankia. No sólo debe buscar la mejor salida desde el punto de vista económico –va de suyo–, sino que, en la medida de sus posibilidades, debe tratar de favorecer al conjunto del sistema.

El baile está a punto de empezar y a los razonamientos que hemos descrito hay que sumar el imprevisible papel de las distintas personalidades en liza y, como siempre, el azar. El resultado resulta difícil de anticipar, pero seguro que tenemos tiempo para irlo comentado.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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José Ramón Iturriaga

Gestor de los fondos de inversión Okavango Delta FI, Kalahari FI y Spanish Opportunities. También gestiona el plan de pensiones Okavango PP. Es socio de Abante Asesores y colabora habitualmente con medios de comunicación como ABC y OndaCero, entre otros.
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