España: esperemos lo mejor en la economía

El dato de crecimiento del PIB del cuarto trimestre ha sorprendido para bien. En 2019, la economía española creció un para nada desdeñable 2%. Y, sí, ha crecido al menor ritmo de los últimos años, pero en un entorno de enorme incertidumbre internacional y doméstica. Ahora, un análisis detallado de las causas de estos resultados nos permite ser optimistas. Construcción y consumo han pagado el pato de la incertidumbre local, mientras que el sector exterior y la inversión en bienes de equipo han aguantado bastante bien el tipo.

La reducción del riesgo geopolítico y la incertidumbre sobre la política económica del nuevo Gobierno harán que la economía española coja tracción a lo largo del año. Una vez más, parece que las predicciones económicas son excesivamente negativas con España. La recuperación del empleo y los salarios debería trasladarse al consumo y la construcción. Y el sector exterior también debería hacerlo mejor aún gracias a un entono de recuperación del comercio mundial.

Entiendo que, con el ruido político actual, mantener la distancia necesaria para analizar la economía sin dejarse llevar, es una misión imposible. Sin embargo, una lectura desapasionada de los últimos datos invita a un moderado optimismo. Lo que desde luego resulta del todo descartable es el descarrilamiento de la economía española, como muchos parecen descontar.

El cuadro macroeconómico actual no tiene nada que ver con el de 2007. No hay grandes desequilibrios y el año pasado, de hecho, fue el octavo ejercicio consecutivo en el que la economía española registró superávit por cuenta corriente. El endeudamiento del sector privado ha cambiado por completo gracias a que familias y empresas llevan más de diez años reduciendo su deuda: la foto actual es mucho mejor que la de la media de los países europeos. La solvencia de la banca está fuera de toda duda, el precio del petróleo está anclado en el entorno de los sesenta dólares barril y no hay visos de ninguna burbuja en el precio de los activos –desde luego no en el inmobiliario–, más allá de los bonos. Las ganancias de competitividad y una política monetaria expansiva hacen que, con independencia de las idas y venidas por circunstancias exógenas, podemos esperar más años con un crecimiento mayor y más sano.

Artículo publicado en ABC.

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José Ramón Iturriaga

Gestor de los fondos de inversión Okavango Delta FI, Kalahari FI y Spanish Opportunities. También gestiona el plan de pensiones Okavango PP. Es socio de Abante Asesores y colabora habitualmente con medios de comunicación como ABC y OndaCero, entre otros.
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