España, a la cabeza

No ha terminado el 2016 y al calor de las estimaciones macroeconómicas que se han utilizado en el presupuesto prorrogado que se va a presentar en Europa próximamente, ya estamos a vueltas con si el Ministerio de Economía se ha tirado o no a la piscina con las proyecciones que ha utilizado.

En honor a la verdad, hay que reconocer que el Ministerio de Luis De Guindos ha pecado estos últimos años de conservador. Irá con el carácter. Este año, sin ir más lejos, el crecimiento va a ser mucho más alto de lo que habían estimado y no es el primero en el que se quedan cortos.

abc-17-10-2016-jriturriagaDe cara al año que viene, han tirado del Excel hacia la derecha y han llegado a la conclusión de que vamos a crecer algo menos de 2,5%, estimación que comparten en prácticamente todo el mundo.

Este menor crecimiento, que no contracción, se explica porque ni desde los niveles actuales en el precio del petróleo y en los tipos de interés se puede contribuir más al crecimiento. No es que vayan a frenarlo, pero tampoco es probable que puedan sumar. A esto se añade como una letanía el ajuste fiscal pendiente que debería detraer alguna decimilla al crecimiento potencial. Y con estos mimbres se saca el dedo al aire y se llega a la conclusión de que se va a crecer un dos y pico por ciento.

Déjeme que en ese ejercicio de economía ficción, consistente en proyectar las magnitudes a futuro, ponga un punto de sal. Todo lo anterior creo que no recoge las consecuencias positivas que tendrá para la economía salir de la precariedad política de los últimos tiempos. Y más que el gobierno en funciones, creo que comprobar que los partidos populistas no tocan pelo debería traducirse en decisiones de inversión y consumo que se habían retrasado. Por otra parte, la mayor certidumbre política también debería incrementar la inversión –tanto nacional como extranjera-, lo que sumado al buen paso del sector exterior siga dando soporte a la economía. Por último, creo que tampoco deberíamos minusvalorar el efecto que pueda tener el resurgir de la construcción residencial que ya se empieza a intuir, sobre todo por lo que supone en términos de empleo. Así las cosas, puede que el año que viene crezcamos algo menos como todo el mundo parece anticipar. En cualquier caso, España va a estar a la cabeza del crecimiento de los países desarrollados que más crezcan.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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