Gamesa, objeto de deseo

Por lo que se conoció a través de la prensa durante la semana pasada, todo indica que la multinacional alemana Siemens bebe los vientos por la compañía de aerogeneradores española Gamesa. La noticia saltó el viernes y la compañía española, tras un primer comunicado en el que ni confirmaba ni desmentía la información, afirmó al cierre de mercado que existen conversaciones abiertas para integrar ambos negocios pero que no se ha tomado ninguna decisión por el momento.

01022016-jri-jose-ramon-iturriagaLa operación tendría sentido. La compra de la española convertiría a Siemens en el segundo productor del mundo de turbinas, sólo por detrás de Vestas. Además, la operación también tiene lógica desde un punto de vista más amplio pues tanto geográfica como tecnológicamente son empresas muy complementarias.

Iberdrola, principal accionista de Gamesa, tiene la llave de la operación y hasta el momento no ha mostrado intención de vender. Mantener la participación ahora no tiene mucho sentido pero tampoco le cambia la vida a la eléctrica si decide deshacerse de ella. Además, este tipo de operaciones en nuestro país siempre conllevan un problema político. Sorprendentemente, en España, en la que el patriotismo no está del todo bien visto, surge el miedo atávico a que otros nos quiten lo nuestro. En este caso, además, habrá que pasar por el filtro de la identidad vasca que no hace más que complicar estas operaciones.

Las firmas españolas en general, debido al diferencial de valoración relativa respecto a las europeas y americanas –magnificado en este caso por la fortaleza del dólar–, están en el punto de mira. Y hoy hay muchas candidatas a ser compradas. Por un lado, están las que ya tienen participaciones importantes con vocación de control. En este cesto estarían FCC, Cementos Portland o NH entre otras. En segundo lugar, buenas compañías en diferentes sectores sin accionistas de control. Y por último, el sector bancario, objeto de operaciones corporativas en su conjunto. Del primero al último de los bancos cotizados españoles, con alguna excepción de mediano tamaño que aún mantiene accionistas –o accionista– de control, todos pueden entrar en las quinielas.

El baile ya ha empezado y, por cierto, no parece importar mucho quién esté en la Moncloa dentro de unos meses.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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