La cara B

Los bancos centrales han hecho lo que tenían que hacer. Sus políticas han funcionado. Fundamentalmente han servido para que la crisis que hemos vivido no terminara como el crac del año 29 del siglo pasado. Y ahora parece que le toca el turno a las políticas fiscales. Se ha llegado donde se ha llegado pero hay que echar más gasolina al coche.

jri-10-10-2016Los tiempos políticos parece que también coinciden. Por un lado, los cambios de gobierno en las principales economías del mundo esperados pueden ser el pistoletazo de salida. Por otro, el auge de los populismos es la coartada perfecta para replantearse el orden económico tal y como está establecido. Hay que dar algo de aire a las clases medias que es donde está arraigando el populismo como consecuencia de la larga duración de la crisis. En el plano académico se están empezando a replantear los mantras.

Las consecuencias desde el punto de vista de las inversiones son del todo disruptivas. No está en el guión. El estancamiento secular («secular stagnation») es el escenario central para la gran mayoría: bajos crecimientos sin inflación que nos condena a unos tipos de interés extraordinariamente bajos. Sin embargo, un mayor crecimiento como consecuencia de la concertación de políticas fiscales a nivel global romperá la baraja.

Los activos ganadores se pueden discutir, aunque sobre el perdedor no hay duda alguna: la renta fija en todas sus versiones. Me temo que no hay una puerta de tamaño suficiente para que puedan salir todos los inversores que ahora permanecen invertidos en este activo.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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