La gran apuesta

Gran película. Hay que verla. Magnífico relato sobre el derrumbe del castillo de naipes en el que se había convertido Wall Street hace no tanto. A diferencia de otras películas sobre este tema, los protagonistas son un grupo de inversores que, de diferentes formas, anticiparon la que se venía encima y decidieron intentar beneficiarse de ello apostando por un pinchazo de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en pleno ‘boom’.

01022016-jri-jose-ramon-iturriagaLas enseñanzas de La gran apuesta son muchas. La principal, quizá, es que por entonces eran muy pocos los que pensaban que el inmobiliario americano podía caer en picado, algo que ya tenemos todos muy claro. Sobre la simple idea de que “el precio del ladrillo nunca cae” se montó la que se montó. Esa creencia, sumada a la avaricia de todos –bancos de inversión, inversores y  particulares–, fue lo que cebó una bomba de proporciones desastrosas. No te hace daño lo que no conoces sino aquello de lo que no dudas. Y entonces, desde Greenspan hasta las strippers creían que el precio de los inmuebles sólo tenía un camino. Si añadimos la contrastada e insondable creatividad de los bancos de inversión –nada es imposible para un banquero de inversión-, la connivencia de las agencias de rating y la dejadez del supervisor tenemos todos los ingredientes de la crisis que casi lleva al sistema financiero mundial a la quiebra.

La magnífica descripción que hace de los momentos previos a la crisis sirve para descartar que actualmente nos encontremos a las puertas de una situación parecida. A quienes alberguen alguna duda sobre ello, les recomiendo que vean la película. Podrán ver que la situación completamente diferente. Los bancos de inversión, simplemente, no han tenido tiempo material para reconstruir el castillo de naipes y los niveles actuales de apalancamiento del sistema son la mejor razón para descartar cualquier escenario que se aproxime a 2008. Con todo, esto no quiere decir que no vuelva a pasar, tiempo al tiempo.

Por último, antes de que vayan a verla, dos salvaguardas: creo que la película, como suele ser habitual, cae en algunos tópicos a la hora de describir los mercados financieros y que existe un riesgo considerable de salir con la idea equivocada de que los gestores de fondos de inversión son, en gran medida, una panda de tarados.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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2 comentarios

  1. Lo primero quiero darte la enhorabuena por tu blog y sobre todo por tu gran labor como gestor. Si me permites el atrevimiento, me gustaría sugerir un punto de vista un poco distinto sobre la película. Creo que el mérito de los protagonistas de la película no es tanto ver la existencia de una enorme burbuja en el mercado inmobiliario sino el acertar en el timing (burry habla del verano de 2007 porque cambian las hipotecas de tipo fijo a variable) y el acertar con el instrumento, es una genialidad que se pongan cortos en en tranchas de CDOs que tienen una volatilidad tan baja (podrían haberse puesto cortos de los bancos de inversión, pero esa operación era más cara). Incluso un medio tan difundido como The Economist se refirió en verano de 2005 al mercado inmobiliario como la mayor burbuja de la historia económica (puede que no fuese una opinión unánime, pero por lo menos existía el debate). En resumen, este trabajo es muy difícil, no sólo hay que hacer una buena previsión sino que hay que acertar también en el timing y en la implementación de la visión de mercado.

    Un saludo

  2. Buenos días Jones,
    muchas gracias por tu comentario.
    Tienes toda la razón que el mérito no fue detectar la burbuja sino como y cuando se ponen en frente. Quizás en muchos de estos textos peco en exceso de simplista por tratar de hacerlo más fácil.
    En cualquier caso la película es para enmarcar. Además retrata muy bien la soledad del gestor cuando toma decisiones de inversión que el mercado por una razón u otra tarda en reconocer.
    A modo de anécdota, recuerdo cuando mi mujer en el año 2011, me recriminaba que sólo ZP y yo pensábamos que la bolsa iba a subir…
    En fin, muchas gracias por el comentario y encantado de saludarte
    un abrazo

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