Las hipotecas y las cosas de la vida

Los datos de evolución del crédito hipotecario del mes de enero confirman la mejora de las expectativas sobre este nicho financiero. Durante el primer mes del año se han concedido veintiún mil hipotecas, un veinte por cierto más que el mismo mes del pasado año. Los bancos han prestado, en su conjunto, más de dos mil millones de euros, lo que anualizado resulta más de doscientas cincuenta mil hipotecas al año. Es la primera vez, desde 2012, que los bancos prestan esa cantidad en un solo mes para la adquisición de viviendas. Detrás de esta recuperación se suceden los factores. Por un lado, los más de siete años de reducción de balance han permitido a los bancos tener pólvora seca para empezar a prestar y además, gracias a los importantes vencimientos hipotecarios de este año, pueden hacerlo sin que ello suponga mayor apalancamiento –peso de la deuda sobre los recursos propios. Por otro, la recuperación económica ha aflorado la ansiada demanda solvente que hasta hace poco dormía el sueño de los justos.

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la grave crisis financiera nos condujeron a una depresión sin precedentes en nuestra historia reciente. La digestión ha sido larga pero ahora, con los primeros compases de la recuperación económica y la estabilización del precio del inmobiliario, el sistema financiero puede recuperar su papel como correa de transmisión de la política monetaria que marcan los bancos centrales. Sin duda, anticipar este cambio de tendencia hace sólo unos meses podía resultar aventurado pero ya inmersos en un cambio de tendencia lo más probable es que se retroalimente y acelere el ritmo como consecuencia de las propias dinámicas de la economía. Ya en las últimas semanas hemos visto un incremento notable de la competencia en el mercado hipotecario. Aunque pueda sonar provocador, más pronto que tarde habrá voces que adviertan sobre la próxima burbuja en el crédito cuando hace escasos meses maldecíamos a los bancos por no prestar. Cosas de la vida.

El nuevo discurso de la banca

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En un importante seminario de banca europea celebrado la semana pasada en Londres y en el que participaron los principales ejecutivos del sector, los bancos españoles brillaron con luz propia por primera vez en mucho tiempo.

Para empezar, el tono del discurso resulta distinto. Tras varios años defendiendo que no había más cadáveres en el armario ni más necesidades de capital, los bancos comienzan a hablar de sus estrategias de crecimiento y de objetivos de rentabilidad. El cambio cualitativo es enorme. Las presentaciones se han centrado en planes de crecimiento para los nichos más rentables –pymes y crédito al consumo–, la recuperación en volúmenes y una mayor visibilidad de cara al futuro. Las estrategias varían mucho desde los más decididos –y que quizás van un paso por delante en la diversificación internacional– a los que llevan varios años llegando tarde al baile y que hoy tienen suficiente con poder estar ahí para contarlo. La reducción de costes sigue siendo uno de los ejes del discurso pero ya no es lo único de lo que pueden hablar. Los riesgos regulatorios persisten aunque es probable que vayan implementando los nuevos requisitos, por la cuenta que les trae. Tampoco se les puede pedir que sorban y soplen a la vez.

Una vez que el polvo parece asentando, el debate debería centrarse en qué rentabilidad puede tener el sistema financiero español en el entorno actual. La salida forzada de mucho conductor borracho y las nuevas prácticas en los mercados de capitales han hecho que lo que queda del sistema financiero español pueda mirar el futuro con optimismo. Las heridas están todavía recientes y aún nadie habla de lo que ya deberíamos considerar el nuevo entorno de rentabilidades de la banca española, pero créanme todo llegará.

España mira al frente

La estimación preliminar de crecimiento del Banco de España para el primer trimestre del año es del +0,8%, superior a las estimaciones oficiales y a los crecimientos registrados en trimestres anteriores. Con estos mimbres, y sin miedo a que me tachen de inconsciente, es probable que en 2015 crezcamos por encima del 3%. La recuperación está tomando impulso gracias a la caída del precio del petróleo, las rebajas impositivas y los bajos tipos de interés. La depreciación del euro también se está notando en la recuperación de nuestras exportaciones y las de nuestros principales socios comerciales. Europa recibe flujos de capitales y España es uno de los motores del crecimiento.

En los últimos tiempos, ante cualquier publicación de datos o comentario en clave positiva sobre la situación económica del país, las respuestas más o menos automáticas eran el paro, el déficit y la deuda. Y no cabe ninguna duda de que siguen siendo grandes problemas de la economía española pero no podemos restar ni un ápice de importancia a la vuelta que ha dado el resto del cuadro macroeconómico nacional. Y es la condición necesaria y suficiente para que estos problemas se embriden.

Por si las estimaciones fueran insuficiente motivos de optimismo, no hay muchos fenómenos que puedan torcer esta inercia. Los tipos de interés van a seguir bajos muchos más tiempo de lo que imaginamos, el petróleo no tiene porqué repuntar en el nuevo marco de la oferta actual y los miedos euroescépticos son ya historia. Las grandes reformas estructurales no tienen marcha atrás y lo parte fundamental ya se ha hecho. Por tanto, aunque unos y otros traten de alertarnos de los riesgos de un golpe brusco de timón –o de timonel–, éstos son poco probables. Lo realmente difícil se encuentra detrás, en el ‘backstage’. Quizá habría que reconocer el mérito a quien ha estado al frente de todas las reformas que se han llevado a cabo pero nunca nadie dijo que esto fuera justo. Ahora toca dejarse llevar y no inventar.

José Ramón Iturriaga
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