Nasdaq, Trump y los hábitos de compra

Últimamente, parece que al índice tecnológico americano se le atragantan las noticias. Si la semana pasada fue Facebook, esta semana le tocaba el turno a Amazon. El presidente americano, que últimamente no descansa, ha amenazado a la gran tecnológica por estar, en su opinión, acabando con el tejido empresarial tradicional americano. Por «culpa» de la empresa de Jeff Bezos, los americanos –y supongo que el resto del mundo– ya no compran de la misma forma, y esto resulta inadmisible según la bestia rubia. Con independencia de que el motivo de su ataque sea la línea editorial del «Washington Post» –cabecera comprada hace poco por el principal accionista de Amazon– contra su persona más que contra su Administración, el argumento utilizado es una absoluta sandez. No tiene ni pies ni cabeza que desde una instancia se imponga la forma en la que la gente tiene que comprar. Es más, si se supone que los nuevos hábitos de compra hacen desaparecer buena parte del comercio tal y como lo entendemos, hay poco que se pueda hacer desde cualquier gobierno. Un magnífico ejemplo de lo difícil que es poner puertas al campo.

Sin cebarme mucho en los rebuznos del presidente Trump, creo que los últimos tropiezos del índice tecnológico americano han servido para desperezar a los agoreros. Con todas las cautelas posibles, porque en el caso del Nasdaq toco de oreja, creo que las similitudes con la burbuja del año 2000 son desproporcionadas. Básicamente porque estas empresas ganan muchos miles de millones de dólares frente a la quimera que eran muchas de las famosas compañías de internet del año 2000 –¿recuerdan Terra?–. Y no solo ganan dinero, sino que en general estas compañías cotizan por debajo de 15 veces beneficios con crecimientos a futuro enormes. Y esto es lo verdaderamente difícil de anticipar: cuál será el crecimiento a futuro de compañías que ya son enormes máquinas de ganar dinero. Con crecimientos interanuales que no son de este mundo, lo complicado resulta saber cuál es el límite. Hasta el infinito y más allá.

El comportamiento de la Bolsa el año pasado no fue normal. Algo más de volatilidad como la que estamos viendo en 2018, no solo es buena, sino que resulta deseable. Con todo, parece seguro que el crecimiento futuro de las compañías del Nasdaq depende menos de las venadas de Trump que de los nuevos hábitos de consumo y de la digitalización.

Artículo publicado en ABC el 2 de abril de 2018.

José Ramón Iturriaga
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