Techo de deuda

Este año los congresistas y senadores americanos se han ahorrado el paripé de retrasar todo lo posible la aprobación del incremento del techo de deuda del país. Y es que durante los dos o tres ejercicios anteriores hemos asistido a un espectáculo delirante: un grupo de parlamentarios americanos amenazaban con paralizar la administración mediante el voto en contra al incremento del techo de deuda -una decisión que normalmente es casi automática- por mero afán de protagonismo. Y esta situación, en la esquizofrenia que ha gobernado los mercados financieros en los últimos años, se había reflejado en el comportamiento de las bolsas. Cualquier desenlace, por rocambolesco que fuera, y siempre que tuviera una lectura de dimensiones catastróficas, tuvo una influencia en los mercados muy superior a sus probabilidades reales de suceder.

EQED-2-noviembre-JRIturriaga-Jose-Ramon-IturriagaEste año, sin embargo, el aumento del techo de deuda se ha aprobado sin sobresalto alguno y la decisión ha pasado completamente desapercibida tanto en los medios de comunicación como en los mercados financieros. Y creo que la lectura correcta –y prudente– es que no está todo perdido: el mercado puede estar recuperando parte de la sensatez que tanto ha escaseado en los últimos tiempos.

Y puede que estemos en los primeros metros de una vuelta a la normalidad en lo que a las reacciones bursátiles se refiere. Es importante entender que los mercados son muy prosaicos y, en consecuencia, no se van a posicionar en ningún sentido si no intuyen alguna rentabilidad. Desde el escepticismo que abunda actualmente en el mercado a la indolencia absoluta hay un camino más o menos largo que sin duda, como muchas veces antes, volveremos a recorrer.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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