Tecnicismos y sentimiento

Tras las últimas tribulaciones de los mercados, la pregunta más habitual entre los que nos dedicamos a la inversión es si la cosa se arregla o no. Y, la verdad, después de un análisis más o menos desapasionado, nada hace pensar que el mundo haya descarrilado durante el mes de agosto, ni mucho menos hay indicios de que vaya a hacerlo próximamente, como sí podría estar indicando exclusivamente el comportamiento de las bolsas (y esto no es baladí). Más allá del debate sobre el alcance de la desaceleración de la economía china o las consecuencias de una eventual subida de tipos en Estados Unidos, no parece que debamos pensar en septiembre nada diferente a lo que ya pensábamos antes de verano.

En el ejercicio –siempre recomendable– de analizar qué se puede estar perdiendo ante fenómenos de este tipo, lo único que he encontrado es el mayor peso que tiene en los mercados la gestión por modelos cuantitativos, lo que amplifica y retroalimenta los vaivenes en los precios. Delegar decisiones financieras en máquinas tiene como principal objetivo la eliminación de las emociones en la inversión, lo que a la luz de la historia puede sonar razonable. Sin embargo, su principal inconveniente es su incapacidad para relativizar ciertos acontecimientos, ya que en los mercados, como siempre que hablamos de personas, no todo es parametrizable. Los movimientos de estos días son la consecuencia de varios elefantes tratando de pasar a la vez por la misma puerta al dictado de robots. Y si realmente esto es lo que hay detrás de las últimas caídas, no hay que preocuparse demasiado porque el sentido común termina imponiéndose siempre y las máquinas que hayan vendido fiándose de las señales que les daban sus modelos acabarán con los dedos pillados.

Hay otra corriente de opinión que considera que estamos todavía lejos de lecturas extremas de sentimiento negativo, cierta complacencia quizá, y que hasta que no se normalice las bolsas no recuperarán la senda alcista. Es cierto que pese a las últimas caídas, no ha habido escenas de pánico en el estadio como las que hemos vivido no hace tanto. Sin embargo, soy de la opinión que las circunstancias no resultan comparables y aquellos que esperen a ver correr la sangre se pueden perder una subida de la misma intensidad y velocidad que la caída que acabamos de sufrir.

Los árboles de la banca

Una de las preocupaciones del nuevo supervisor bancario europeo es, según parece, la escasa rentabilidad del sistema. Analizando los datos que, por ejemplo, publicó la semana pasada el Banco de España sobre la evolución del crédito y los depósitos durante el mes de julio, resulta difícil llegar a esa conclusión en el caso de la banca española. La concesión de nuevos préstamos se recupera y aunque los bancos continúen reduciendo su nivel de deuda por los importantes vencimientos, la recuperación es notable en términos de flujo. Sin ir más lejos, la última lectura mensual de la evolución del crédito hipotecario –principal inversión de los bancos– registraba crecimientos de casi el treinta por ciento sobre el año anterior. El saldo de estos préstamos se ha reducido en el último año, pero lo importante para medir la rentabilidad de los bancos es el diferencial entre la cartera que vence y las nuevas concesiones.

Por el momento, los márgenes de los bancos se van a ver lastrados por el mayor peso relativo de cosechas antiguas y, a pesar de ello, el precio al que se conceden las nuevas hipotecas anticipa rentabilidades futuras superiores. Por otro lado, el nuevo entorno competitivo tras el proceso de concentración del sector bancario durante los últimos años permite prever una estabilización de los diferenciales aplicados en estos niveles, porque los bomberos tienen la sana costumbre de no pisarse la manguera. En la otra cara de la moneda, la remuneración de los depósitos es cada vez menor, pagando prácticamente nada por guardarnos el dinero.

Así las cosas, y aunque la foto fija del balance de los bancos pueda verse enturbiada por el peso –todavía alto– de la cartera antigua ante el entorno actual de tipos de interés, la rentabilidad potencial de los bancos españoles es hoy mucho más clara que antes de la crisis.  Por tanto, la actitud del supervisor europeo puede venir motivada por la peor situación de la banca en otros países o porque quieran dar otro empujón al proceso de concentración a nivel europeo. Que los árboles no nos impidan ver el bosque.

hipotecas-formalizadas-jose-ramon-iturriaga-jriturriaga

Draghi, siempre Draghi

El presidente del Banco Central Europeo ha sido el primero entre sus colegas que, por razones de calendario, ha tenido que dar la cara tras los movimientos de los mercados de estas últimas semanas. Y como no podía ser de otra forma, no ha defraudado. O mejor dicho, ha estado por encima, una vez más, de las ya elevadas expectativas. La conclusión, más allá de los porcentajes de deuda que pueda comprar o de cuánto se hayan alargado los plazos de sus intervenciones en el mercado, es que no tiene pensado levantar el pie del acelerador. La posibilidad de revertir las políticas monetarias actuales está fuera de toda discusión. Pese al debate académico –y la manipulación política– que existe en torno a la efectividad de estas políticas, las decisiones del BCE no pueden ser más unívocas. No les va a temblar la mano y el camino emprendido indica una sola dirección. Prefieren enfrentarse a las posibles consecuencias negativas que pueda tener este planteamiento en el futuro, que dar muestras de debilidad a estas alturas de la película.

Este planteamiento es compartido por el resto de autoridades monetarias de las zonas económicas más relevantes, por lo que, al igual que en los últimos tiempos, tenemos por delante un periodo muy largo de políticas monetarias ultralaxas a lo largo y ancho del mundo.  La globalización y el mundo de inflación baja al que nos ha destinado constituyen el mejor aval para estas políticas.

Así que el mensaje que ha vuelto a mandar el señor Draghi es bien claro: estas son sus políticas y van a seguir siéndolo todo el tiempo que sea necesario porque la evolución de los precios lo permite. Y con los matices pertinentes en cada caso, este es el mensaje que van a ir repitiendo el resto de banqueros centrales llegado su momento. Y al margen de que estas políticas puedan ser más o menos acertadas, más o menos ortodoxas, incluso más o menos inmorales tal y como he leído en algún sitio, la realidad es que han vendido para quedarse. Tanto aquí como en el resto del mundo.

Los tipos de interés van a situarse en niveles extraordinariamente bajos durante mucho tiempo y es probable que no los volvamos a ver en los niveles que hasta hace poco nos parecían normales. Nos guste más o nos guste menos, esta nueva normalidad de los tipos de interés afecta significativamente a la valoración de todos los activos y podemos rasgarnos las vestiduras o actuar en consecuencia.

José Ramón Iturriaga

Gestor de los fondos de inversión Okavango Delta FI, Kalahari FI y Spanish Opportunities. También gestiona el plan de pensiones Okavango PP. Es socio de Abante Asesores y colabora habitualmente con medios de comunicación como ABC y OndaCero, entre otros.
José Ramón Iturriaga

Latest posts by José Ramón Iturriaga (see all)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.