Las tecnológicas y los provincianos temporales

Al calor de los resultados del primer trimestre de las grandes tecnológicas americanas –que en líneas generales han vuelto a ser muy buenos–, me pregunto si en el análisis del potencial que tienen estas compañías no estaremos cayendo en el provincianismo temporal que tan bien definió T.S. Eliot. «En la época actual –escribe en un ensayo sobre Virgilio– en que los hombres parecen más inclinados que nunca a confundir sabiduría con conocimiento y conocimiento con información, y a tratar de resolver problemas vitales en términos de ingeniería, está naciendo una nueva especie de provincianismo, que quizá merezca un nombre nuevo. No es un provincianismo espacial sino temporal, un provincianismo cuya historia es la mera crónica de las invenciones humanas que sirvieron en su momento y fueron desechadas, un provincianismo para el cual el mundo es propiedad exclusiva de los vivos, sin participación alguna de los muertos».

20180507 EQED JRIturriagaY es quizá esa forma de provincianismo que describe Eliot de lo que muchos adolecemos cuando tratamos de anticipar cuál será el futuro de estos gigantes tecnológicos –Amazon, Facebook, Apple, Microsoft–. Resulta imposible saber, por lo menos para mí, por dónde irán los tiros en pocos años. Un buen ejercicio para entender nuestras limitaciones es ver lo que ha pasado con algunas de las compañías que hasta hace no mucho eran líderes indiscutibles en sus respectivos segmentos y de las que hoy ni nos acordamos (Nokia, Motorola, etc…). Así las cosas, no podemos suponer que los líderes actuales vayan a dejar de serlo, ni al revés. Tampoco podemos anticipar el siguiente avance que deje en pañales a las tecnologías que ahora parecen no tener rival.

Por todo ello, quizá lo más práctico sea reconocer que somos unos «provincianos temporales» y dejarnos llevar sin tratar de ser los más listos de la clase. Warren Buffett parece haber adoptado esa estrategia subiéndose a la ola de Apple, ahora una de sus principales apuestas. Y parece sensato, aunque desde luego no presupone nada.

En cualquier caso, conocer las propias limitaciones es siempre un buen comienzo.

Artículo publicado en ABC.

José Ramón Iturriaga
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